En el término de los últimos 10 días, ocurrieron en Lobería dos accidentes similares; personas que circulaban en bicicleta chocaron de frente con la puerta de un auto cuyas conductoras abrieron sin percatarse de la presencia de los ciclistas.
Estos hechos que son denominados dooring, ocurren mucho más a menudo de lo que podemos imaginar, aunque en los casos anteriormente mencionados tuvieron una mayor repercusión por la gravedad de las lesiones sufridas por las personas accidentadas.
Si uno repasara las noticias hacia atrás, se encontraría con numerosos accidentes similares ocurridos en todo el mundo y a los que no escapan las ciudades de nuestra zona.
Si bien está claro que ninguna persona que abre la puerta de su auto lo hace con la intención de generar un perjuicio sobre un ciclista, está claro que el conductor del vehículo es quien tiene la responsabilidad del accidente y la falta de atención es el mayor peligro.
Si bien el dooring ocurre a menudo y en todo el mundo (según distintos estudios realizados por instituciones académicas y del transporte en Australia, Canadá y Estados Unidos, estos accidentes representan entre el 8 y el 27 por ciento de todos los accidentes de bicicleta en áreas urbanas), es verdad que el notable incremento en la cantidad de parque automotor ha hecho crecer el número de casos.
Si bien existen vehículos que ya incorporan tecnologías que avisan sobre la presencia de vehículos y personas que se acercan por la parte de atrás a través de señales sonoras o luminosas, la regla número uno siempre es mirar antes de salir del auto para comprobar que no se aproxime una persona en bicicleta, moto u otro vehículo.En Países Bajos, los neerlandeses idearon una suerte de truco para facilitar la implementación de este hábito, y lo denominaron el “dutch reach” o “abrir la puerta a la holandesa”. El método es simple y consiste en abrir la puerta con la mano contraria a la que está más cerca a la puerta (la mano derecha si se va a salir por la izquierda y la izquierda si se va a salir por la derecha). La “magia” de la técnica está en que, aplicando esta regla, la persona se ve obligada a girar el cuerpo para abrir la puerta, y este movimiento facilita a su vez la visión y naturaliza el hábito de chequear si viene alguien.
Ante esta problemática existente, me pareció una buena medida la tomada por la Municipalidad de Lobería, de comenzar a realizar un circuito de ciclovía o bicisenda, que le brindará una mayor seguridad al ciclista y a su vez incentivará la utilización de este medio de transporte sobre dos ruedas que tiene múltiples beneficios para la salud personal y comunitaria, además de tener un impacto positivo en el ambiente.
Más allá de la bicisenda existente desde hace años que une Lobería con Tamangueyú y la que se está realizando entre Lobería y La Virgen del Camino; ahora se comenzó a desarrollar un circuito urbano por las cuatro avenidas.
Sin dudas que la existencia de una ciclovía colaborará de gran manera en la disminución de esta problemática, pero nunca debemos perder de vista que los principales responsables de lograr la reducción del dooring, somos quienes conducimos vehículos.
Carlos Laboranti, director ejecutivo.