Como cada año, el 11 de septiembre los maestros argentinos festejaron su día, homenajeando al “Padre del aula”, Domingo Faustino Sarmiento.
Los maestros son la columna vertebral del sistema educativo. Son ellos quienes tienen la responsabilidad de transmitir conocimientos, habilidades y valores a las nuevas generaciones.
Sin embargo, su papel va más allá de simplemente impartir lecciones, pues ellos son además mentores, guías y modelos a seguir para sus estudiantes.
La influencia de un buen maestro puede ser transformadora en la vida de un estudiante, ya que inspira, motiva y apoya a sus alumnos para que alcancen su máximo potencial, ayudándolo a superar obstáculos, a desarrollar su autoestima y a encontrar su pasión.
Si hacemos el ejercicio de recordar nuestros años de estudiantes, de manera inmediata vendrán a nuestra mente los nombres de aquellos docentes que nos enseñaron a leer, sumar y restar, que nos escucharon ante alguna situación que nos tenía preocupados o que supieron ponernos un límite.
Podría en ese sentido mencionar a aquellas queridas maestras que marcaron mi niñez, pero probablemente sería injusto con tantos otros docentes que dejaron una huella imborrable en gran cantidad de personas.
Sin lugar a dudas, los educadores juegan un papel crucial en la formación de ciudadanos responsables y comprometidos con su comunidad, ya que son quienes deben ofrecerle herramientas para pensar críticamente, resolver problemas y trabajar en equipo, y junto a su familia, transmitirles valores como la empatía, la tolerancia y la justicia.
Cada 11 de septiembre, es muy lindo ver cómo los alumnos reconocen a sus maestros en su día, con regalos y expresiones de gratitud. Sin embargo, es importante que este reconocimiento vaya más allá de los gestos simbólicos. Los gobiernos deben reconocer la importancia de la labor docente con salarios acordes a la responsabilidad y el impacto que tienen en la sociedad.
Es inaceptable que los maestros, quienes están formando a las futuras generaciones, lejos de haber tenido mejoras en su remuneración, hayan perdido en este último año un derecho adquirido como lo era el Fondo de Incentivo Docente, que el Estado Nacional les pegaba desde hace más de 25 años. Es hora de que los gobiernos tomen medidas concretas para valorar y apoyar a los maestros, no solo con palabras, sino con acciones, como salarios justos y condiciones de trabajo dignas.
En este sentido, es indispensable que se restablezca el Fondo de Incentivo Docente, que permitía reconocer y recompensar la dedicación y el esfuerzo de los maestros desde hace décadas. Este fondo no solo era un reconocimiento económico, sino también un gesto de aprecio y valoración por la labor docente.
Carlos Laboranti, director ejecutivo